No se en que comenzó la vida, estaba muy distraído, en nuevas cosas, nuevos comienzos, quería incendiar poesía en las murallas, avanzar por un mundo de posibilidades imposibles, la sentaba en mis piernas y reía, era un comienzo extraño que me derretía en un tiempo inexacto, no podía callar ante la inhumanidad, ante las injusticias, ante su propio cuerpo no haciendo justo recuerdo a sus palabras. A los días, detenido, se alzaba en una ola de ideas sobre la materia detenida que lo energizaba.
Un espejo detenido conserva la figura y recuerda que lo único es el verso y la sentencia de la idea. Las nuevas,, constituciones lo relatan entre las cuerdas de un mundo destinado a la supervivencia. Somos una arteria de miasmas y silencios. Contactados con la sombra de una materia inexacta y fugaz que nos da el fuego. Sí, LENGUA DE FUEGO, lengua que nos construye, lengua que elimina y se extingue y persiste. Combustible para un nuevo ser.
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