En esas horas en
que los sonidos
descienden al
sótano de esta casa
un velo llora y
enciende un muerto;
me revolcaba con
Jacob, mi hermano
en la incestuosa
hora,
manecillas como piernas
enredadas en el tiempo;
Mi hermano no
engañaba su espejo
y por miedo al
Narciso frente a él
anuncié la
calamidad de un rayo,
temblé
fuertemente y escapé
en volutas
blancas de golpe y locomotoras.
Celoso de su
vida acepté la muerte de esos días,
encendí mi
inocente amor por las mujeres
Siendo hombre,
casi hombre, olvidado en el peligro,
casi mujer
silenciada de un golpe.
Arranqué mis
dedos, los de él, imposible...
Y me decía que
recordaba el tiempo amargo del
verano:
Mis amigas
tiernas sobre su torso,
Mis amigos
valientes en la locura.
“Me recordarás -le dije- con otras voces
con otro aliento, con besos negros”
Confesamos que
el gato murió sólo y que resucitó un pájaro en el bosque
Que él había
comenzado la pelea y que nadie vio su único ojo
en la triste
bruma de esta: mi palabra,
Y no volvemos a correr lentos por el bosque
Hermano ¿Por qué
el placer nos desvistió en el torrente?
Hermano ¿Este
tiempo volverá a juntarnos?
¿Estas manos
tocarán tu cara o será otra cara? ¿Quién lo sabe?
No hay rituales,
no hay mixturas, ni locuras
Ni amigos
ruines, ni trigo solazándose en el viento.
Confesamos que
el beso de la noche
era claro,
suave
como un culo,
claro y oscuro
como ese
torbellino que presiento.

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