Esta es la historia de un gato hijo del mar, creció entre unas cajas de madera mientras su madre lo alimentaba con jurel y salmón abundante de vez en cuando, y es que el dios del océano veía desde su trono sus patitas creciendo, se compadecía de su maullido que alteraba el orden cósmico y no lo dejaba dormír, el gatito pasó a ser un gato negro, robusto y fuerte, un portador de secretos, con la luminosidad del día en el pelaje, la invisibilidad de la noche como el destino, saltaba por los cartones húmedos de la mañana, restregaba su bigotes en las cuchillas de asesinos y después saltaba tablas problemáticas y tejados de latas resonantes como lluvia, trataba de hacer silencio entre el existir y lo anodino, se encaramaba en lo mas alto de los palos y se ocultaba en los lugares más recónditos y oscuros que pudiera ver y desde ahí miraba los otros gatos regordetes y felpudos en sus casas abrigados a la luz familiar siendo parias a su propia raza. Agarraba sus uñas metálicas fuerte a cualquier oportunidad de mirar más allá, y desde lo alto de los edificios los insectos humanos con sus construcciones eran pusilánimes contradicciones, polillas religiosas se obunubilaban quemándose en la luz, su corazón gatuno se lastimaba en cautela, no importaban sus latidos, si pudiera por siempre poder cazar algún pájaro despistado era su delirio materialista y su seguir vivir en el ciclo verdadero de la vida.
Se lamía sus partes íntimas y volvía a saltar por el mundo como si fuera todo aquello lo que existe su propio dominio y hogar sin límites, pero un día se perdió y por más que olía sus pasos no encontraba el camino de vuelta a casa, es precisamente que el viento había cambiado su curso y cambiado los olores y lugares.
No encontró comida ni abrigo y se refugió de lluvia en tejados diversos y saltó por canales y ríos y conoció amigos rata y estuvo de acuerdo con algunos perros, hasta que un día encontró el camino a casa y encontró nuevamente esos olores que lo elevaban en la epifanía de los primeros días y sus pasos; esas vueltas de la vida que lo rodeaban de nuevas reencarnaciones y un nuevo existir. El gato como un psicopompo subía y bajaba la mano llamando a los viajeros.

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