La ausencia de los ecos y árboles de un sueño
Es un murmullo entre las vegas aprisionadas en la niebla,
Un fantasma leve de sinuoso y prístino cansar
zurcando la quebrada silenciosa de algún cuerpo perdido entre la bruma
mil leyendas no conocemos y mil leyenda han de contarnos.
Cuando fuimos y no fuimos la mitad y algo más
Hombres heridos corriendo de las balas, asustados en las guedejas
gritando silencios y rojos azules verdores,
Escuchando las campanas en silencio y tirando cartas en la mesa,
vértigo es la piel cuando se pliegan las hojas del orbe-dijo-
Doblándose hacia dentro sus huesos del mundo,
Fueron noches de sueños y de humo, un río que nos crece
en el costado de la memoria del ángel perdido entre botellas,
Con sus alitas llenas de alquitrán y memoria.
No hay silencio que cambie o calle la palabra que duele y grita,
y se arrastra en silencio,
es un órgano quieto en un intenso vivir.
El quieto son del aguacero,
el quieto órgano en la música de los soles en los dedos.
Incendios y hogares y lágrimas y cascadas,
Todos nos fue así -dijo-
Y caía el agua ese día en las grietas y el techo,
Caía una estampida de toros a una luna húmeda,
Y el vapor en lianas llegaba arriba hasta desaparecer,
es el vapor sagrado del Mapu entre sangre y niebla gris,
El origen del mundo en la roca mas alta
El sudor sagrado, las lianas, el techo, la roca,
Tu
Y

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