Diario de Adán (inicios 3)

 02/01/2000

La sala de la fiesta huele a tabaco y alcohol, a vómito, la gente rueda por el piso, Yo soy hermano de las ruedas, las mujeres y la vida, hay por ahí un caballo y una criba, elijamos con las balas nuevos soles. Katherine me agarra día por medio, aparece en la puerta se lanza sobre mi verga como posesa, le he hablado de lo enfermo de su ninfomanía mientras le introduzco el dedo y le pego nalgadas en unos sillones de cuerina que pertenecían a mi madre, he recaído en esto con un poco de media sonrisas, medios favores, Katherine conserva aún sus modales en público y es una zorra magnífica cuando actúa para mí papeles inventados de enfermeras locas e histéricas asesinas, cada una de cuyas actuaciones aliñada con su propia forma de ser, he tenido miedo pero lo excitante de nunca vaciar tus testículos me amarra ella tarde a tarde, hoy miramos por la ventana como peleaban un grupo de comunistas a la fiesta contra unos ventanales, por la televisión nos inyectaron el miedo a los terroristas. La rueda gira. Nunca podría escribir algo mayor a elle, qué desperdicio intentar y lanzo el papel, elle me entiende y para animarme pasa su lengua por mi testículo izquierdo, dice que sabe a socialismo, nos dormimos en la alfombra junto al fuego de la chimenea de metal fea, fea, que nos abriga y nos derretimos, yo dejo la historia del soldado sobre la luz los colores sólidos, me duermo pensando si hay pequeños soles. Me derrito. Nos amamos. Estos son los primeros días de nuestro encuentro.




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