Diario de Adán (44)

Carecía de cierto aire de elegancia, era simple, lenta, demasiado distraída, demasiado neutra para él, para ser mujer, hombre, no le importaban las definiciones, no quería a nadie cerca, solo no juzgar ni ser juzgade por estúpidos, avanzar en su camino sin tener que escuchar palabras de personas que no tienen ni idea que es sentir, vibraba como una vara al viento. Era en si el nuevo siglo por venir.

Mira: La civilización empezó en su debacle cuando las abejas desaparecieron, eso todos lo sabemos, nadie lo ignora; la agricultura fue duramente golpeada, a esto se sumó la aparición de lluvia ácida y la destrucción de los campos de cultivo. En algunos lugares el sol y la sequía quemaron hasta la última vegetación existente. Muchos de los lagos se envenenaron con productos químicos provenientes de las fábricas, era la última estación. Los poetas bailaban en el borde del fuego.


Esta pequeña había sentido que el mundo no estaba hecho para ella. No le gustaba lo que vivía, pero ni pensar en la vida que los otros esperaban que tuviera. No se convencía de esa típica feminidad que la sociedad imponía. En su ser, había extensiones hacia algo profundo, algo que no se podía describir con palabras sencillas. La gente la veía distante, fría, frígida, estaba convencida, y es que carecía de un aire de elegancia, no le importaba ser reconocida ni definida. Su única preocupación era avanzar, avanzar en su propio camino sin ser juzgada por la monotonía.


Y mientras ella quería avanzar el mundo sólo quería morir.




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