Michael Thomas
Le odagloc
Se enrolla la cinta, se desenvuelve a través de la espalda y el contorno de la manzana, la frente en alto con los pasos al caminar que no son necesarios; la cajetilla de Belmont rojo aún aguarda en el bolsillo el cansancio de los pulmones. Esto es necesario Lihn es necesario, porque siempre, sí, yo creo, Beckett, Ionesco, Camus, todos ellos (Carnets, el extranjero y su peste Innombrable y calva) invitados a cenar a nuestras reuniones clandestinas por el toque de quédate, tengo que irme temprano del cielo puede llover y no es necesaria la muerte hipotérmica, no es triste, es ambivalente, el concepto estético es arrancar una regla y transformarla a tu favor como Sun Tzu; una imagen debe destruir a la anterior como lo hacía el Gran Dylan, el genio de las imágenes apocalípticas, en la Poesía los poetas deben modificar la regla moral y adecuarla a la estética de la alineación que hace concordancia con las figuras del trabajo en Marx, Pound consideraba a la Poesía un Job, es decir un trabajo o un personaje bíblico, cosa que al final es lo mismo: Dios, todos los personajes bíblicos son rostros de Dios en un espejo quebrado que podría ser el mismo universo. Pero Dios se escribe con minúscula: dios. ¡BANG! Le disparé a su cara. Nunca lo había hecho, se siente bien. Leo con afición, no sé de Poesía o narrativa. Solo escribía para no sentirme incómodo y continuar con la vida, era un escape, Lihn debe tener la razón al decir: “ Porque escribí estoy vivo” los suicidas en general son cobardes, en verdad no hay suicidas porque estarían todos muertos. Los verdaderos suicidas son Michael, Herman y Paulina, aún sin saber donde estoy creo en la veracidad del Ser en ellos, no podían ser ficción, estaban vivos y grandes cantidades de pensamientos salían de ellos. Una vez Herman y Paulina llegaron de la mano a “La biblioteca”, tuve que soportar la lenguas poéticas de ambos, los veía enroscarse y fundirse en una amalgama verde que cubría todo el espacio difuminándose entre el humo de las balas. Otra muerte más siempre es necesaria para la evolución, La Voluntad de poder, todos vamos a caer, todos vamos a caer, todos vamos a caer, hay por eso descripciones erróneas en el mundo de la crítica, dicen que son poemas hechos de
gafas oscuras o surrealistas de quinta mano, pero no es así, cubrían el lado mesiánico de la destrucción representado como Kali, de la cual Cundela siempre hablaba colocándose la mano en el pecho y al recitar dando espasmos con el cuerpo (un verdadero personaje de novela o cuento, todos sus rasgos están marcados.) Un tal Balancín, mataderos, sangre, la crueldad. Arturo Balancines olía a orines a tres metros a la redonda, amaba el norte pero se dedicaba a ser historiador y perdió todo ímpetu poético, se dedicaba a babosadas (que Los Arenales serían París, que la Poesía regional era excelsa –¿y los “Poetas”? –Me preguntaba- ¿Tiene algún sentido esa perorata? ¡Bah! no hablaba de libros si no de vida, vida, vida ) Igual que su compañero de mano, Luis hijo de la Perra, ambos detestaban cualquier poética Gris... Había detrás de cada texto escrito en ese tiempo una precisión estética, el manifiesto está escrito en versos. Precisando éstas vías de la Poesía, como una estela vaga en el universo, un cuento de Lovecraft. Una razón para no creer en la veracidad de las palabras, por ejemplo, es que Herman me pidiera que dijera que este libro que estoy hablando ahora lo escribe él en este mismo momento y cada palabra que pone en mi boca es precisamente que él juega conmigo y está aquí escuchándonos y alguien más que lee estas palabras sin sentido cae en ese juego ¿Qué hago? Todo depende de las ideas que vengan a Herman, es más, me contó de un libro que quería escribir para no quedar en el vacío, al menos con unas copias estaría satisfecho, la excusa del texto era que en él alguien dijera que él está en los otros personajes, como si fuera un tejido sin intervenciones, relatos cortos sobre la estética y que uno de los personajes, que en realidad es el mismo personaje anterior, relate las mil formas con las cuales se puede llegar a una veracidad incierta, como perderse en el espejo en la oscuridad, el laberinto y la CÓRNEA es el principio, él lo sabía. Las formas geométricas se asemejan al fenómeno poético. Podría disparar el revólver ahora, la muerte es innecesaria, nadie sabe si muere o no muere, todo vivo no puede saberlo, solo el muerto que busca oro en la tumba de Trakl. Herman y su fascinación por Yevtushenko y Tsvetaieva, Mäillard, Ungaretti, Carducci, Cohen, Lowell, Owen, Donne, Brodsky, Houellebecq, Plath, Shepard (ese monstruo irónico) Wallace Stevens en sus paisajes significativos a favor de un romanticismo mitigado contra los sombreros, así como sus dramas, olía en sus narices a Faulkner, por el sur y la esclavitud, un poco más urbano, siempre hablaba de ese poema de 1954 “ Las auroras del otoño”; Sördergran, Cendrars y ¿cómo no? sería una falta de respeto no nombrarlo, Leopoldo María Panero. En los poemas se puede fijar la mano en una regla y darla vuelta para ver su otro lado, ¿No es trasgresor el poema: “Lame el culo limpio se semen saluda la ventisca negra de tus labios penetrar la espada por la espalda cual sacrificio maya reinventado”? La fragilidad de las palabras van delineando como si fuera un cincel de escultor, para hacer de ello un molde donde habita el silencio buscando la finalidad de todo mutismo por la Nada, el ocaso, el vacío que no es necesariamente una fatalidad, “Siempre alegre y divertido” diría Miller o Trimalción. Ardo entonces durante noches para purificarme Standler, adelante se inclinan los hombres por las calles en tu Umbra, Heym, así, así un vil e “inmoral” reflejo de los paisajes cotidianos del subconsciente:
“Ya no hay venas en la ciudad, se ve claro,
Un recorrido de sombras, de huellas de hormigas de césped violeta y estatuas vestidas de blanco
Sé que quizás por ejemplo no he caído y Miller tenía Razón: Soy exitoso al
Caminar y olvidar
de una vez y para siempre.
Sé que quizás por ejemplo, se escurre mucha Poesía en los dedos como incienso en el aire.
Oscurece.
La rueda vertiginosa de los pies en la calle como trompetas solares o molinos
en el flujo de rostros perdidos.
Todos tienen un poema para la muerte, Pavese, Para sus ojos
Para sus manos Para sus pies
¿Quién tiene uno para sus raíces?
Para ver pasar el tiempo marcado en la frente como una lágrima caída de la madre a medianoche.
Sé que quizás por ejemplo: soy la joven bestia sin escapulario
a la sombra de una iglesia derruida.
Es pequeño y corto el tiempo, como yo, se desliza en las semillas, como un hombre.
paso a paso...
Y a momentos el espejo de una raíz va cayendo en relojes de fuego,
Las puertas de fuego y ¡El dolor! Desesperados corazones
¡Hasta florece la niebla!
Sé que quizás por ejemplo: Muero alzando un dedo hacia las nubes.
(...)”
La precisión está en que transforma la ciudad en un objeto sexual como los relojes de fuego, la semilla, la raíz, la iglesia, el cielo, desesperados corazones, se ve que la Ciudad es una constante orgía, una visión Sadeana del mundo, versos como: “¡Hasta florece la niebla!” introduce una vanguardia atenuada para no levantar sospechas de experimentador idiota de la forma: “Paso a paso...” los tres puntos al final son fundamentales. Tenía la particularidad de enlazar los temas más dispares y formar una cosmogonía de intersecciones extratextuales, no biográficas pero sí, en algún modo, alucinatorias, siempre recuerdo un verso: “Yo, que muerdo mis uñas, ya no tengo manos” Era muy lento para escribir, tanto como yo, pero escribo en el agua de Keats siendo para Herman una juerga constante. Más y más, tenía ideas descabelladas como escribir una novela desde atrás para delante y que se leyera de las dos formas, incluso llegó a escribir esos “Poemas dobles” como él los llamaba y consistía en que ambas partes fueran la continuación del poema.
Doble fondo de la Poesía. A muchos no le gustará el hermetismo, pero deben saber que Blake en su simplicidad es uno de los grandes poetas herméticos, hermético, hermético, pero herméeeetico. No hay nada más hermético. Espero, no, ¿y Thomas? éramos unos borrachos y drogadictos, fumábamos hasta el amanecer en plazas públicas, en la pieza de Cundela, en la IGLESIA, en “La biblioteca”, donde se presentara la oportunidad y todo para ejercitar las ideas con alucinógenos, algunos rechazan esas teorías, otros confían demasiado en sus cabezas y creen en su consciente, en su ego, personalidad.
A Herman lo saqué de una cárcel en Valponisto, tuve que preparar todo el engaño por días, hasta se hizo pasar por otro, cuando estábamos afuera me contó que al ser Herman por unos días lo convencieron de que estaba más loco que una cabra montada en la pilila de un toro, una vez que lo vi ironicé con el parecido inexistente entre los dos. Engañó a todo el penal. Su compañero de celda algo sospechaba pero alcancé a dejarlo libre antes, en la entrada de un bosque dijo que iría a visitar a una tal Ferdinanda que vivía en la playa y escribía relatos pornográficos. Yo compartía una fascinación por Lihn o Teillier, eran indispensables para leer la Poesía Chilena, siempre sentía más cercano a Cundela que Herman a la Poesía Chilena, “la gran matriarca de toda la Poesía” diría éste una vez ebrio, como nunca, rompió una botella de mezcal en la casa de Sanpa Divina, y ésta llena de miedo se colocó frente a él con el trasero hacia atrás, y Cundela la dijo: “Mariconcillo, las machas te culean por la costa de las playas de Coquimbo” Y Sanpa fue llorando a encerrarse en el baño, mientras todos afuera fumábamos marihuana hasta que en los ojos nos resaltaba el rojo; después nos fuimos con el Marqués de Serena que es un pervertido y Herman que ya caminaba durmiendo por tanto alcohol y droga. Todo era divertido, en los días siguientes hablábamos de literatura, de alcohol y efectos de drogas, el arte es todo para nosotros porque la Poesía Gris sigue existiendo donde esté un desesperado por aprender y devorar la carne como antropófago. Una tarde que vi a Paulina me comentó: “Los libros ridiculizan las cosas, no están en su justa medida, escandalizan la figura y convierte a los valores en personajes, nada más, se pueden crear estructuras que simulen las verdaderas emociones, todo es técnico y preciso al manejar un lenguaje. Un libro debe ser como alguien hablando sobre el libro mismo. Esto que digo yo, Michael, tu lo puedes repetir, pero ni siquiera sé si yo lo estoy diciendo o lo dices tú a otra persona que lo puede estar leyendo mientras hablo, pero yo te hablo en este momento y puede que se olvide este comentario y la verdad es que Herman me pidió que te comentara esto para que al final de cuentas nadie pueda decir nada sobre ese texto que Herman escribía. Es una verdadera madeja de Ariadna.”

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