Espada contra espada (del libro: Lengua de fuego)

a M. V.
Sobre esta larga orilla la ciudad busca las hebras
que perdió por fracasar en su intento de un futuro.
H.B.

Por la desidia de tus congéneres viciados
en su propio espasmo por el juego,
en su búsqueda por los grilletes de su sexo,
en su olvido de las señales que dibujan
los Padres en su memoria desvirtuada,
que solo sus lenguas se agitan como algas en el río.
 
Por sobre tejas los ojos sellados descansan
al vigilar las metrallas y cañones
sangrando invertidos en la panacea de cada herida
y en esa espera por la sangre:
soldados, vírgenes, travestis, mojigatos,
estúpidos, inteligentes, vagos,
escupos y orina
así como lluvia y sol, así lluvia
señala caminos sin salida,
un callejón por el cual unos desean salir y otros entrar
en su cauce,
en su río,
en sequías de su lengua que se permite el pálpito
danzarín en llamaradas saltimbanquis
con el ceño que no deja escribir el silencio.
Creen que eso está más allá del oído,
más allá del cristal que besaron una y otra vez
tratando de ver si era él o él o el tú y el tú
quien dormía hundido en la humedad
una noche en el mirador hacia la antena
levantando los dedos en las hebras de ese vómito lunar
día a día escanciado en puntos fugaces
deste pozo al que se han caído
y hemos llenado con nombres,
fantasía de estrellas y fantasmas desnudos que menean sus culos,
sus zapatos en callejuelas perdidas del gusano,
con el recto en las uñas para retirar los restos de lameculos sociales,
odiábamos con fervor eso que llamaron “AMOR”
No sabíamos más que degollar la botella
o incendiar de humo blanco los cielos,
cantando con guitarras guturales de gusanos genitales,
veíamos nuestros besos perdidos en la marea de caricias sin manos.
Y yo, siempre orgulloso de ser yo
desfallecía por vodka en los brazos
en mi cuerpo de voluta ahumada por historias ya disueltas;
era la espalda y los glúteos la muralla, el muro cristalino
roto en la desesperación por verse azotado por el látigo
que daría la sangre blanca fuera del látex aceitoso
corrompido en palmas, dedos, uñas.
 
¡Basta!” decían mis abuelos “¡Basta de eso, lo pensamos, lo vivimos, lo tragamos, no quisimos entregarlo, era el silencio el peor pájaro de amanecida, ahora vuelve este castigo, no tenemos solución, no preguntes, sólo busca por ti nuestro perdón que jamás diremos, mierda!
 
Era idiota mezclar el agua, el aceite, el fuego
Para hacer brillar letras y tinta
Tanta tinta para un tonto
que no sabe de hilos y tres ciegas:
Un país, una casa, las costillas devoradas, los animales muertos,
las colillas invernales, el humo de madrugada, el vino al rocío,
lágrimas en plazas públicas, los zapatos vacíos
por las bajadas, escurridos en el eco,
en el vaivén de antiguos callejones,
así levantando el anular ya no se quiere más la montura de caderas y su ojo
si no el revés de la carne y la carne
con sus brillos adornando las veredas y escaparates
de una ciudad
hundida
en sus propios
edificios
doblados
en el agua.
Hay un fuego, ya lo sabes
en que ambos florecemos

Espada contra espada.


(del libro: Lengua de fuego)

Comentarios